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La Fertilidad de la Tierra⎢Agricultura ecológica
 
 
 
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La tierra es un recurso decisivo contra el cambio climático

Cambio climatico informe IPCC

U
na mejor gestión de la tierra, junto a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de todos los sectores –incluidos la tierra y los alimentos–, es fundamental si se quiere mantener el calentamiento global muy por debajo de 2 °C, o incluso de 1,5 °C, según un estudio elaborado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). “La tierra se encuentra bajo una presión del ser humano creciente y que el cambio climático acentúa, por lo que es urgente tomar las medidas adecuadas para su protección. Cuando la tierra se degrada se hace menos productiva y se reduce su capacidad para absorber carbono, lo que influye en el cambio climático, que en retorno contribuye más a su degradación”, recoge.

Presentado en agosto, el informe especial "El cambio climático y la tierra" –sobre el cambio climático, la desertificación, la degradación de la tierra, la gestión sostenible de la tierra, la seguridad alimentaria y los flujos de gases de efecto invernadero en los ecosistemas terrestres–, se ha estructurado en cuatro partes tituladas: Personas, tierra y clima en un mundo en calentamiento; Opciones de respuesta de adaptación y mitigación; Activar opciones de respuesta; y Acción a corto plazo. En estas cuatro partes se van desgranando la situación actual de la tierra y una serie de escenarios y respuestas para revertir y evitar la degradación y el cambio climático.

Para los expertos, la tierra tiene un papel muy importante en el sistema climático. La agricultura, la silvicultura y otros tipos de uso representan el 23% de las emisiones de efecto invernadero que genera el ser humano. Al mismo tiempo los procesos naturales de la tierra absorben dióxido de carbono equivalente a casi un tercio del emitido por los combustibles fósiles y las industrias. Con el aumento de la temperatura en 1,5 ºC hay riesgos muy altos de escasez de agua, de incendios, degradación del permafrost y de inestabilidad en el sistema alimentario, un riesgo “más intenso con un aumento de 2 °C”.

 

Sistema alimentario más resiliente

El informe indica que la tierra hoy cultivada podría alimentar a la población en un contexto de cambio climático y ser una fuente de biomasa que proporcione energía renovable, lo que también permitiría velar por la conservación y restauración de los ecosistemas y la biodiversidad. Para conseguir esta situación se necesita un enfoque global en el que prime la sostenibilidad y en el que se adopten medidas tempranas de gran alcance, la “mejor combinación para luchar contra el cambio climático”. Por ejemplo, explican, en un futuro con lluvias más intensas aumentará el riesgo de erosión de la tierra cultivada. “La gestión sostenible de la tierra es una forma de proteger a las comunidades de los efectos perjudiciales de la erosión y de deslizamientos de tierra”.

Todo ese enfoque debería ir acompañado, según los expertos, de un crecimiento demográfico reducido, una disminución de las desigualdades, una mejor nutrición y la reducción del consumo excesivo y del desperdicio de alimentos –un tercio de la comida se pierde o se desperdicia a nivel mundial–. “Si se logra un sistema alimentario más resiliente se puede tener más tierra disponible para crear energías limpias y, al mismo tiempo, proteger los bosques y los ecosistemas naturales”. En este conjunto, advierten, no hay que olvidar otras acciones fuera del sector alimentario y de la tierra, como en el transporte, el medioambiente o en el uso de las tecnologías.

Algunas de las soluciones que se recogen, a todos los niveles, con efectos a corto y largo plazo, van desde cambios en la dieta de los consumidores y en los alimentos que se cultivan, los “muros verdes” con especies vegetales autóctonas para frenar la desertización, la conservación de humedales, manglares y bosques –que guardan enormes cantidades de gases de efecto invernadero que se liberan cuando se destruyen y que, por ende, contribuyen más al calentamiento– la reforestación.

Elaborado por 107 expertos de 52 países, tras examinar un total de 28.275 observaciones formuladas por los gobiernos y especialistas en la materia, y con más de 7.000 referencias, el documento está considerado como “una contribución científica fundamental en las negociaciones sobre clima y medioambiente” que se llevaron a cabo en la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación del pasado septiembre en Nueva Delhi (India), y lo va a ser en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que tiene lugar en Madrid este mes de diciembre.

Cuatro factores que analizan las diferentes situaciones

El informe "El cambio climático y la tierra" se ha dispuesto en cuatro secciones que analizan las diferentes situaciones que han ocasionado la pérdida y deterioro de la tierra y las medidas que pueden revertirlas:

La primera, “Personas, tierra y clima en un mundo en calentamiento”, recuerda que la tierra proporciona la base principal para el sustento y el bienestar humano, y para la biodiversidad. La agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra generan alrededor del 13% de las emisiones de CO2, del 44% de metano y del 82% del óxido nitroso –datos recogidos de 2007 a 2016–, lo que supone el 23% del total de las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero.

La segunda parte se centra en las "Opciones de respuesta de adaptación y mitigación" al cambio climático para evitar, por un lado, la desertificación y la degradación de la tierra, que socava su productividad, limita los tipos de cultivos y merma la capacidad de la tierra para absorber el carbono; y, por otro lado, para mejorar la seguridad alimentaria. Algunas de estas respuestas incluyen la conservación de ecosistemas con un alto grado de carbono como humedales o bosques, el microrriego, la restauración de tierras degradadas con plantas ecológicamente resistentes a la sequía o con la agroforestería.

La tercera sección, “Activar opciones de respuesta”, establece que el diseño apropiado de políticas, instituciones y sistemas de gobierno, a todas las escalas, puede contribuir a la adaptación y mitigación relacionadas con la tierra al tiempo que facilita la búsqueda de vías de desarrollo adaptadas al clima. Establece también que, si se trabaja conjuntamente, existe el potencial de ahorrar recursos, ampliar la resiliencia social, apoyar la restauración ecológica y fomentar el compromiso y la colaboración entre múltiples grupos de interés.

En la última parte, titulada "Acción a corto plazo", los investigadores explican las medidas que se pueden tomar a corto plazo, basándose en el conocimiento existente, para abordar la desertificación, la degradación de la tierra y la seguridad alimentaria al tiempo que se apoyan respuestas a más largo plazo que permitan la adaptación y la mitigación del cambio climático. La capacidad de construir, la educación sobre prácticas sostenibles, la expansión del acceso a servicios agrícolas, mejorar la transferencia de tecnología, activar mecanismos financieros… son algunas de las vías propuestas.

www.ipcc.ch/srccl

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